El día nacional del Maíz Nativo como celebración de los pueblos de maíz

Ka' Kuxtal Much Meyaj

El maíz no es una planta que haya evolucionado por sí sola a través de los años, se fue transformando conforme las mujeres de los grupos humanos más primeros, cuando aún no eran pueblos, la fueron sembrando, la fueron cultivando y en el transcurso de los años la selección que hacían de los mejores granos desde la perspectiva de cada familia, le fueron dando diversidad de color, sabor, tamaño, forma, firmeza, suavidad de desgrane, etcétera. Es decir, la planta de maíz evolucionó con las comunidades que la vieron como la esperanza de vida de todo un pueblo.

Por otra parte, el maíz asimismo permitió que los grupos nómadas que caminaban tras las manadas de animales de los cuales se alimentaban, pudieran establecerse y cultivar sus propios alimentos, es decir, la constitución de la soberanía alimentaria primigenia. Esta capacidad de producir sus alimentos permitió a nuestros abuelas y abuelos originarios establecerse y desarrollar todos los saberes que nos convirtieron en pueblos y que hemos trascendido a las épocas de la historia gracias a la relación de respeto con nuestra Madre Tierra.

Pueblos originarios y maíz hemos andado los caminos de la historia tomados de la mano y unidos del corazón, esta unión ha sido tan íntima y profunda que los abuelos y abuelas señalaron que, desde ese origen, nuestra carne, nuestra sangre y nuestros huesos están compuestos de maíz de todos los colores como menciona el Popol Vuj, y ese primer encuentro entre la humanidad y el maíz fue protagonizado por las mujeres, por nuestras ancestras.

La diversidad de maíces que hoy existe es el maravilloso reflejo del trabajo familiar que se realiza en los pueblos, son la expresión de la estética, del arte que se ha expresado en el gigantesco lienzo de la historia de la agricultura campesina que tiene su taller artístico en los millones de milpas que se distribuyen a través de nuestros territorios. La gastronomía es reconocida como un arte y como una ciencia; el cultivo de maíz lleva ese arte y esa ciencia a niveles inimaginables, porque el sabor, color, textura y aroma de un platillo tiene su origen en numerosas generaciones de selección constante y que culminan en un alimento exquisito, pero que cierra su ciclo virtuoso al compartirse con la comunidad, estos sabores, olores, textura y aroma no están completos sino son compartidos en comunidad.

Las celebraciones en torno al maíz encomian ese encuentro originario y ese camino histórico que hemos recorrido en conjunto el maíz y nuestros pueblos, recordando constantemente que existimos en mutualidad y no uno fuera del otro. Por eso las amenazas al maíz, los pueblos indígenas no las entendemos como si fuera una amenaza a un producto o como cuando algo va a afectar tu negocio, las entendemos y las sentimos como amenazas a nosotros mismos, las afectaciones o agresiones a nuestros maíces son agresiones a nuestras mismas familias y no me refiero al alimento de nuestra familia, sino a que el maíz es parte de nuestras familias, el maíz es hermana, hermano, padre y madre, hijo e hija. El maíz es el regalo de los dioses más primeros para nuestros pueblos.

En los pueblos mayas de la península de Yucatán decimos en maya Kili’ich Ixíim o en español, la santa gracia, es decir, aquello que es un hermoso regalo, pero además es sagrado, hay muy pocos elementos con esta categoría en nuestra cosmovisión maya. Entonces encontramos que el maíz, cuenta con tres dimensiones; la primera como un miembro más de nuestras familias, el segundo como un regalo de los creadores y creadoras y tercero como elemento de unidad y trascendencia comunitaria.

Desde las comunidades vemos que actualmente cada 29 de septiembre se celebra al maíz y eso nos alegra el corazón porque sin duda las semillas de maíz y todos los alimentos y relaciones que nacen de él son para celebrarse, para celebrar su vida y la vida que permite y genera. Desde nuestras regiones, territorios, comunidades y casas también lo celebramos, al igual que lo celebramos cuando seleccionamos la semilla del próximo ciclo, cuando la sembramos, cuando la cuidamos en el campo, cuando la hermanamos con las calabazas, los frijoles, los tomates, los chiles, el camote, la yuca y de muchas otras semillas, también celebramos cuando se inician las lluvias, cuando comienzan a salir las primeras espigas, cuando van saliendo los elotes y hacemos una gran celebración cuando compartimos la cosecha.

Es decir, celebramos todos los momentos, pero estamos orgullosos de que se celebre un día a nivel nacional a nuestros maíces. Y hoy, 29 de septiembre del 2020, en la celebración nacional del día del maíz queremos hacer algunas observaciones:

  • El maíz no se puede o no se debe celebrar sólo, sin los pueblos campesinos e indígenas con los que ha andado los caminos de la historia.

  • Celebrar el maíz debe ser también la celebración del trabajo campesino, de otro modo es convertir al maíz en un objeto, vacío de todo el sentido que le da su relación con los pueblos.

  • Celebrar al maíz debe ser la lucha constante también por el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y campesinos.

  • Celebrar al maíz debe ser el reconocimiento de una agricultura ancestral, basada en la relación con la tierra, con el alimento comunitario y no con la productividad de la agricultura industrial.

  • Y por último, la celebración del maíz, así como su cuidado y protección debe quedar en manos de los pueblos con los que siempre ha estado, con los que nació y creció. La celebración del maíz sin sus pueblos es como celebrar el cumpleaños lejos de la familia y nos da tristeza ver así al maíz.

Este año ha sido quizás el que más eventos públicos y oficiales se han realizado en torno al maíz, en algunos de ellos tuvieron el detalle de invitar a campesinos, pero vemos con preocupación, que quienes están tomando como propia la celebración del maíz son aquellos que lo estudian o legislan en su nombre mientras por otro lado desconocen a los pueblos de maíz, desconocen la agricultura ancestral imponiendo la siembra de vida, sin vida.

Esperamos que en la celebración nacional no se termine de desplazar a los pueblos y quede como un evento oficial vacío y sin sentido, con el maíz como adorno, sólo y sin su pueblo. La otra celebración del maíz nativo y criollo la seguiremos realizando desde nuestros pueblos y por supuesto serán siempre invitados e invitadas.

29 septiembre 2020

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